lunes, 26 de marzo de 2012

Salí dispuesta a matar.
Me puse el vestido más corto, los tacones más altos y los labios más rojos.
Afile bien la lengua y disfracé mis ojos de pura indiferencia.
Tú me viste aparecer, con la sonrisa de embaucadora y el corazón acorazado. Me miraste, un sólo segundo, sonriendo sin más. Hoy las normas no existen, murmuré, al pasar por tu lado. Y tú, como finges tan bien, no respondiste. Pero los ojos te brillaron, quizás pensaste que el traje de niña mala me sentaba bien.
Y me viste bailar encima de la barra del bar, me viste ahogar las penas entre risas que hacían eco y el frenesí de la noche. Me viste tan mala, tan amarga, tan yo, que sólo pudiste repetirte una y otra vez lo gilipollas que habías sido.
Yo, mientras, seguí jugando a ser la bruja del cuento.
Habrá otros que me quiten a besos el pintalabios. Y tú lo sabes.






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